jueves, 8 de abril de 2010

Burdeos y Saint Emilion

Nunca habíamos visto algo parecido, aunque sabemos que no tardará en llegar a España. En Burdeos, la llave de nuestra habitación de hotel nos la dio...UN CAJERO AUTOMÁTICO!

La idea en sí no es mala, sobre todo para el hotel que se ahorra los gastos de tener la recepción abierta las horas de menos movimiento (no tanto para el cliente ya que resulta bastante impersonal), pero hay que perfeccionarla.
Y es el cajero para entregar la llave pide bien el número de reserva o bien el apellido del cliente. Con la primera opción el cajero nos entregó una llave.
Vale, pero tenemos tres habitaciones...y el resto de llaves? Probamos con el apellido. Ahí no sale nada. Tras llamar por teléfono tres o cuatro veces y un montón de complicaciones más, la solución era tan sencilla como ésta: la reserva estaba hecha a nombre de la persona que la realizó, pero cada habitación tenía asignado el nombre del que la iba a utilizar. Hubiese sido fácil explicarnos éste punto por teléfono, pero resulta que ni el encargado sabía que eso era así, para él, eran tres reservas diferentes, y no una de tres habitaciones. Si os pasa ya sabeis, probad con todos los apellidos...


Exceptuando la llegada, lo cierto es que Burdeos nos encantó. Para movernos utilizamos el moderno tranvía, comimos en una terraza al sol y disfrutamos de cada una de sus plazas escondidas y de sus grandes espacios abiertos. Allá donde mires hay algo que merece la pena ver.

Ya por la tarde nos movimos hasta St. Emilion, una gozada de pueblo muy recomendable sobre todo para los amantes del vino y de su elaboración. Cepas por doquier, tiendas y museos relacionados con el vino y mucho ambiente.

Terminamos nuestras vacaciones sintiendo que Francia tiene muchas cosas por descubrir y cómo no, haciendo nuevos planes...

Hasta pronto!